
En lugar de manifestaciones contra el Statut y recogida de firmas, se tenían que haber sentado a trabajar en el parlamento catalán primero y en el central después como forma de trabajo de la democracia, pero no negarse a debatir y acudir a las algaradas como única manera de trabajo. Los ciudadanos deben hablar en las urnas recriminando esta actitud que no dignifica a los politicos.